El problema estructural de Sistema Eléctrico Nacional nos ha obligado a tomar acciones para que nuestra cotidianidad sea viable. Sin embargo, no todos tenemos los mecanismos físicos y psicológicos para hacerle frente a esta circunstancia coyuntural. Es por ello que exponemos una serie de prácticas y reflexiones que pueden ayudarnos en esta situación.
Respiración y emociones
Cuando la luz se corta, el cerebro activa una respuesta de alerta. La respiración 4-7-8 —inhalar 4 segundos, retener 7 y exhalar en 8— activa el sistema nervioso parasimpático y reduce el ritmo cardíaco. Si el apagón es nocturno, el método 5-4-3-2-1 ayuda a anclarse: nombrar 5 cosas que veas, 4 que toques, 3 que escuches, 2 que huelas y 1 emoción interna.
Control ambiental y gestión cognitiva
Distribuir lámparas recargables en puntos clave evita la angustia de la oscuridad repentina. Usar tapones o auriculares con cancelación de ruido crea un refugio auditivo en caso de sufrir el ruido de plantas eléctricas encendidas en tu entorno. Ubicarse en zonas ventiladas reduce los síntomas fisiológicos de la ansiedad. Revisar redes sociales buscando respuestas o noticias sobre manifestaciones eleva el cortisol, genera malestar emocional e incrementa perjudicialmente la ansiedad.
Actividades analógicas y aceptación
Dedicar el tiempo a la lectura, con linterna en caso de apagones nocturnos, juegos de mesa, caminar, practicar la escritura o dibujo ayuda a procesar la frustración. «El apagón está fuera de mi control; lo que sí puedo controlar es cómo reacciono», es la premisa. Batallar mentalmente contra la falla eléctrica solo agota la energía.
Por último, no sobreinformarse. Escoger fuentes de información fiable y no atender a rumores será clave para mantener nuestro equilibrio emocional. Es recomendable seleccionar momentos para informarse de lo que está ocurriendo y dejar espacio para otro tipo de actividades y conversaciones que nos ayuden a descansar y volver a nuestras rutinas

