
Primero fueron los deepfakes. Luego el shitposting. Ahora internet enfrenta una nueva plaga: el slop content, es decir, contenido basura creado en serie con inteligencia artificial. Sin valor estético ni ético, su objetivo no es informar, sino saturar. Cuando esta fórmula se combina con la propaganda, nace la slopaganda: un mecanismo que no busca convencer con hechos, sino abrumar con estímulos hasta anular la respuesta crítica de la audiencia.
La zombificación de la red
La economía de la atención premia lo que engancha, no lo que nutre. Así, creadores anónimos producen ríos de imágenes absurdas, textos incoherentes y videos de baja calidad que generan clics y rédito publicitario. El resultado es una “zombificación” de internet: máquinas generando contenido para otras máquinas, mientras el usuario apenas alcanza a reaccionar. Según un estudio de Nature en 2024, el 75% de las personas comparte noticias sin haber abierto el enlace.
Trump y la memética política
La política no ha quedado al margen. La segunda administración de Donald Trump ha sido la primera en adoptar la IA como generadora de contenido oficial. En la cuenta de la Casa Blanca en X abundan los memes de “estilo Ghibli” que muestran deportaciones, o imágenes bélicas mezcladas con videojuegos. El mensaje se vuelve simple, emocional y directo: la forma sustituye al fondo, y el debate público se empobrece.
Frivolización de la guerra
La slopaganda no es un error técnico ni una moda pasajera. Es un cambio en el ejercicio del poder. Durante la intervención en Irán, las redes se llenaron de montajes que mezclaban bombardeos reales con escenas de películas, tratando los ataques como si fueran una broma. Así se deshumaniza el conflicto, se banaliza el sufrimiento y se facilita la indiferencia. Mientras los usuarios comparten, comentan y viralizan, ejércitos de bots amplifican el ruido.
Educación y humanismo digital
Frenar esta deriva exige más que voluntad individual. Se necesita invertir en educación digital desde las escuelas, fomentar la pausa crítica antes de compartir y promover campañas públicas de concienciación. También urge establecer normas que regulen el tipo de comunicación oficial en plataformas digitales. La slopaganda no es inevitable: es el síntoma de un modelo que premia la saturación sobre la verdad, pero que aún puede combatirse con ciudadanos más conscientes y plataformas más responsables.
theconversation.com




