Una crisis silenciosa
Los devastadores terremotos del 24 de junio no solo dejaron pérdidas humanas y materiales. También provocaron una crisis psicológica silenciosa. Se trata del síndrome del terremoto fantasma, una sensación constante de que el suelo sigue moviéndose. Esta afección genera estrés, vigilia extrema y hasta paranoia, según el Colegio de Psicólogos de Carabobo, que ofrece ayuda gratuita.
Síntomas físicos y emocionales
Quienes lo padecen sufren falsa sensación de movimiento, mareos, pérdida de equilibrio y náuseas leves. También hiperacusia o falsos sonidos. A nivel psicológico, aparecen hipervigilancia, ansiedad repentina, palpitaciones, trastornos del sueño y problemas de concentración. La mente se enfoca en detectar el próximo peligro, lo que dificulta las tareas cotidianas.
¿Por qué ocurre?
El síndrome es frecuente entre sobrevivientes de sismos intensos y puede durar días o semanas. No es un problema médico grave. Desaparece de forma gradual conforme el sistema nervioso recupera su patrón habitual de funcionamiento. Los expertos aseguran que la clave está en la regulación emocional y la paciencia.
Claves para superarlo
Los especialistas recomiendan verificar el entorno: observar el agua de un vaso o lámparas colgantes. Si no se mueven, el cuerpo sabrá que es falsa alarma. También sugieren evitar la sobreinformación en redes sociales, pues aumenta la ansiedad. Practicar respiraciones profundas y lentas ayuda a bajar el cortisol y calmar el sistema nervioso.
La recuperación es posible. El síndrome no es permanente y, con las herramientas adecuadas, la calma regresa. La paciencia y la atención consciente son los mejores aliados en este proceso.
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