El vlogger y youtuber mexicano Omar Contreras nos destaca en un video que, “caminar sin perro o mochila en una ciudad estadounidense dispara todas las alarmas. Para muchos residentes, ver a alguien deambulando por la acera genera una desconfianza inmediata. Este fenómeno no es casualidad, sino el resultado de un urbanismo diseñado para expulsar al ser humano de las calles.”
En su canal de youtube @ciudadvivaconomar , Contreras continúa: “Ya en 1951, Ray Bradbury advirtió sobre este futuro en su relato «El peatón». En su sátira, la policía arresta al protagonista simplemente por pasear bajo la luz de la luna. Hoy, esa ficción roza la realidad en suburbios donde las banquetas desaparecen de golpe frente al asfalto.”
Todo cambió tras la Segunda Guerra Mundial con el nacimiento del sueño suburbano. El Acta de Autopistas Interestatales de 1956 selló el destino de la nación al priorizar el transporte privado. Las ciudades densas y caminables murieron para dar paso a kilómetros de concreto interminable para coches.
El diseño urbano como herramienta de control y exclusión social
Omar continúa mostrandonos una faceta desconocida de la cultura estadounidense: “Las corporaciones jugaron un papel clave en esta transformación radical del paisaje americano. General Motors, junto a empresas petroleras y de neumáticos, desmanteló sistemáticamente los antiguos tranvías eléctricos. Sustituyeron el transporte público eficiente por autobuses y una dependencia absoluta del motor individual y privado.”
Y es que, en EEUU, las leyes de zonificación terminaron por encajonarlo todo en compartimentos urbanos y lejanos. El 75% de los barrios prohíbe cualquier construcción que no sea una casa unifamiliar. Dejamos de tener la tienda en la esquina para obligarnos a conducir por una lejana y simple caja de leche.
“Esta estructura urbana funciona como una trampa económica para el ciudadano promedio de hoy” nos dice Contreras. “Mantener un vehículo cuesta cerca de nueve mil dólares anuales entre seguros y gasolina. El automóvil dejó de ser un símbolo de libertad para convertirse en un impuesto obligatorio para existir.”
La ausencia de coche acarrea un estigma social brutal en la cultura norteamericana actual. Quien no conduce es automáticamente etiquetado como indigente o alguien que ha fracasado. Los espacios públicos se vaciaron de interacciones humanas para llenarse de motores, humos y mucho ruido.
Las consecuencias físicas de este sedentarismo forzado saltan a la vista en las estadísticas. En barrios con baja caminabilidad, los niveles de obesidad alcanzan un preocupante sesenta por ciento. No somos perezosos por naturaleza; el entorno simplemente nos impide quemar calorías de forma natural.
Incluso el lenguaje penaliza al caminante mediante términos como el cruce imprudente o «jaywalking». Los grupos de presión automotriz inventaron este concepto en los años veinte para culpar peatones. Querían limpiar las calles de personas para que los coches pudieran circular sin ningún estorbo.
Recuperar la capacidad de caminar exige algo más que un cambio de mentalidad individual. Necesitamos demoler un modelo de ciudad que nos aísla y nos enferma sistemáticamente. Al final, la libertad real no se mide en caballos de fuerza, sino en pasos propios.
Youtuber Omar Contreras
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