
Reflexionando sobre mi propia vida, me doy cuenta de que como hijos hemos recibido enseñanzas valiosas de figuras paternas que han moldeado nuestra personalidad.
Siguiendo la teoría de Freud y su complejo de Edipo, es fascinante cómo internalizamos las características de nuestros padres. Buscamos ser como ellos y, en muchos casos, elegimos parejas que nos recuerdan a nuestras madres. En mi caso, quiero homenajear a mi padre, Simeón Antonio Pineda Mijares, quien aunque no está físicamente presente, vive en mi corazón y en mi alma.
Mi padre fue un hombre de campo que, gracias a su inteligencia, tuvo la oportunidad de estudiar. Sin embargo, eligió un camino diferente: se convirtió en militante del partido comunista, sindicalista y guerrillero. A pesar de las adversidades, como la prisión y la tortura, nunca dejó de ser un padre presente y amoroso. Su legado es claro: los padres deben esforzarse para que sus hijos sean mejores que ellos.
A lo largo de los años, mi padre me impulsó a estudiar, me enseñó la importancia de la lectura y del conocimiento. Aunque nuestras ideologías políticas diferían, siempre entendió y apoyó mis decisiones. Me dejó un legado de amor, respeto y libertad, que ahora trato de transmitir a mis propios hijos.
Hoy, en este Día del Padre, quiero celebrar a todos los que somos padres y a aquellos que somos hijos. Recordemos los momentos que compartimos, las lecciones aprendidas y el amor incondicional que nos une. A todos, un abrazo fuerte y un agradecimiento por los recuerdos que nos acompañan. ¡Feliz Día del Padre!
PD: No todos los ejemplos que dan los padres son buenos, mi padre como buen barloventeño, admiraba a Vidal López, entonces fue magallanero, yo elegí ser del equipo del cual era aficionada mi mamá, una forma deportiva de resolver el complejo de Edipo

Prof. Simón Pineda/ Psicólogo
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