
La historia de «La Burriquita» es un relato lleno de color y alegría que llegó a nuestras tierras con trencitas, zarcillos y una cara pintada que reflejaba la esencia del pueblo venezolano. Sin embargo, solo un rincón de Venezuela, San Casimiro, ha mantenido viva esta tradición; y este legado se debe, en gran parte, a la pasión y dedicación de Tomás Elpidio Bullón.

Elpidio fue reconocido como Patrimonio Cultural, un título que refleja más de 50 años de baile y esfuerzo por preservar la vestimenta autóctona que caracteriza a las burriquitas. Su última aparición pública, durante el XVII Encuentro Nacional de Burras y Burriquitas en San Casimiro, fue un momento emotivo donde recibió el certificado de Portador Patrimonial de la Nación de manos del ministro de Cultura, Ernesto Villegas. Este reconocimiento no solo celebra su trayectoria, sino que también resalta la importancia de mantener vivas nuestras tradiciones.
Hoy, el legado de don Tomás Elpidio Bullón trasciende la vida misma. Parte a la inmortalidad un gigante de la cultura aragueña y nacional, un verdadero guardián de nuestra identidad. Su entrega y amor por las burriquitas no solo las convirtió en un símbolo de alegría, sino que también unió a las comunidades en torno a la celebración de su herencia cultural.

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