
Ayer fue el Día de la Tierra, y en ese contexto, surge una contradicción interesante en relación a la producción de libros.
Para fabricar libros, se necesita papel, y para obtener papel, se deben cortar árboles. Esta paradoja se vuelve aún más fascinante al considerar que la lignina, una sustancia presente en los árboles, es la responsable del característico y cautivador olor que emana de los libros viejos de una biblioteca. La misma lignina que otorga integridad a los árboles y los mantiene erguidos, es la que les arrebatamos al utilizarla en la producción de libros.
Entonces, nos preguntamos, ¿cómo pueden los amantes de la lectura contribuir a la protección de la naturaleza? Aquí te presento algunas ideas:
- Volver a las bibliotecas: Una opción es acudir a las bibliotecas y leer o pedir prestados los libros que deseamos.
- Intercambio de libros: En el pasado, existía el «banco del libro», donde se podía intercambiar libros usados por otros. Esta práctica fomentaba la reutilización y evitaba la producción de más libros.
- Reciclaje de libros: Podemos optar por comprar y vender libros ya leídos, de esta manera le damos una segunda vida a los libros y evitamos la demanda de nuevos.
- La increíble idea de plantar un árbol: Aunque sea más difícil de llevar a cabo, sería genial que después de leer un libro, plantemos un árbol. Siguiendo esta práctica, no solo no dejaremos de leer, sino que también ayudaremos a compensar la pérdida de árboles.

En conclusión, en este Día Mundial del Libro, tomemos conciencia y busquemos alternativas que nos permitan disfrutar de la lectura sin comprometer la salud de nuestro planeta. ¡Feliz Día del Libro!
Un abrazo grande y fuerte.

Prof. Simón Pineda
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