
Mi vida joven de estudiante, los amores, los errores y los éxitos que mezclados en el enorme caldero que es la vida, dieron por resultado el sabroso y gustoso guiso que ayer desquició mis sentidos en un caleidoscopio de recuerdos.
Hoy puedo decir que me arrepiento de haber hecho muchas cosas, de no haber hecho otras, pero al final nunca me arrepiento de haber vivido a Maracay.
Porque está es una tierra generosa fértil para frutos dulces y jugosos como lo son mis afectos. Tierra donde la caña es ron y el cacao chocolate. Dónde la amistad se hermana para abonar los afectos con besos, abrazos y recuerdos, sobre todo recuerdos, de todo lo que quise, quiero y querré.
De cachapas con queso de Belén, de pernil y chicharrones de Mariara. De abrazos y recuerdos del 23 de enero, de reminiscencias de la Morita y andanzas y terapias de la Soledad.
Y como joya final a una corona de aureos brillos en mi desmemoriado corazón, pude disfrutar de los trinos de un chirulí o un Turpial que se vino desde Chuao a cantar en estos jardines aragüeños. Mi hermano y compañero El Negro César Liendo, auténtico, consecuente, leal con su canto y su pensar, en un concierto acompañado con sus dos retoños, que enaltecieron el momento, donde la música enmarcó la honrosa y amorosa compañía evocando episodios de la vida que no se han ido, sino que viven en el tiempo como esperando despertar con la fuerza de un tsunami de sentires.
Gracias, muchas gracias por ser y estar gracias araguaneyes que ceden espacio a los apamates que alfombran los jardines con sus variopintas flores, que sabroso es Maracay y que bueno pinta marzo para los marzistas. Un abrazo grande y fuerte.

Prof. Simón Pineda.
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