Therians: ¿subcultura de la autoexpresión, viralidad digital o patología psicológica?

Therians: ¿subcultura de la autoexpresión, viralidad digital o patología psicológica?
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Lo que comenzó como una conversación en grupos de noticias de internet en 1992 hoy ocupa plazas públicas y titulares en varios países de Latinoamérica. Los llamados «therians», personas que afirman identificarse espiritual o psicológicamente con un animal no humano, pasaron del anonimato digital a la exposición masiva gracias al poder viral de TikTok e Instagram. Pero detrás de los memes y los videos de adolescentes con máscaras de lobo, existe una subcultura con más de tres décadas de historia que muchos reducen a una simple extravagancia.

¿Quiénes son y de dónde vienen?

El término proviene de «therianthropy», una palabra griega que combina «thērion» (bestia) y «anthropos» (ser humano) . A diferencia de lo que algunos imaginan, no se trata de una creencia literal en la transformación física, sino de una conexión interna con una especie específica, a la que llaman «teriotipo». Los más comunes son lobos, zorros, felinos y cánidos.

Los primeros registros de esta comunidad se remontan a 1992, en el grupo de noticias alt.horror.werewolves, donde participantes comenzaron a describir experiencias de identidad animal más allá de la ficción licántropa . Lo que empezó como un espacio para discutir hombres lobo evolucionó hacia algo más profundo: personas que sentían que su identidad interna estaba ligada a un animal real.

La diferencia clave con los “furries”

Uno de los malentendidos más comunes es confundir a los therians con los furries, pero las diferencias son sustanciales. Los furries forman parte de un «fandom» artístico y lúdico: crean personajes antropomórficos, usan disfraces elaborados (fursuits) y participan en convenciones por entretenimiento.

En cambio, los therians describen su experiencia como involuntaria y fragmentaria. «No es un disfraz, desde pequeño me siento un mono por dentro», explicó un joven a La Razón, resumiendo la perspectiva de quienes viven esta identidad como algo constitutivo, no como un juego. Mientras el furry interpreta un rol, el therian afirma experimentar una conexión intrínseca con una especie real.

“Quadrobics” y expresión pública

La práctica más visible de esta comunidad es el «quadrobics» o cuadrupedia: desplazarse en cuatro extremidades imitando los movimientos del animal con el que se identifican. También utilizan máscaras artesanales, colas sintéticas y, en ocasiones, emiten sonidos característicos como aullidos o maullidos.

Estas expresiones, antes confinadas a espacios privados o encuentros discretos, ahora ocurren en plazas públicas de Buenos Aires, Montevideo, Ciudad de México y Medellín. Los jóvenes se reúnen con su «manada» para compartir tiempo de ocio y expresar su identidad en un entorno de aceptación mutua.

El debate público y el «pánico moral»

La visibilidad trajo consigo controversia. En febrero de 2026, el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, encendió la polémica al advertir que «dentro de poco alguien exigirá que sean reconocidos y respetados como minorías, mientras vulneran los derechos de las mayorías”. Sus declaraciones reflejan una preocupación que circula en varios países: ¿hasta dónde llega el derecho a la autoexpresión?

La comunicadora Carolina Benítez, conocida como “Carolian Afrofem”, analizó este fenómeno desde la perspectiva del «pánico moral». Explicó que estos ciclos de alarma siguen un patrón: un evento pequeño se amplifica en redes, los medios lo replican, figuras públicas intervienen y finalmente se demoniza a un grupo minoritario, para después olvidar que todo ocurrió.

El incidente que avivó la controversia

Un hecho puntual intensificó el debate: en Buenos Aires, un joven therian mordió a una niña en un espacio público, lo que generó titulares y encendió las alarmas sociales. Aunque se trató de un caso aislado, alimentó la narrativa de que estas prácticas representan un peligro.

Sin embargo, los testimonios recogidos por diversos medios coinciden en que la mayoría de los encuentros son pacíficos. Una joven de la comunidad aclaró que, fuera de sus momentos de reunión, lleva una vida normal, trabaja y se comporta como cualquier ciudadano. «Es un tiempo de ocio, básicamente», resumió Tomás Trapé en una entrevista.

¿Problema de Salud mental?

Es importante señalar que la identificación therian no está reconocida como trastorno mental en manuales diagnósticos como el DSM-5. Especialistas en psicología señalan que, en la mayoría de los casos documentados, se trata de una construcción simbólica de identidad o una forma de autoexpresión, no de una patología.

Algunos estudios cualitativos indican que los participantes describen su experiencia como una “conexión espiritual con la naturaleza, una metáfora de rasgos de personalidad o una sensación interna persistente de afinidad con una especie determinada”.

La instrumentalización política del fenómeno

Un análisis más profundo sugiere que la ridiculización de los therians no es inocente. El periodista argentino Nicolás Fiorentino planteó que, en contextos de avance conservador, la deslegitimación de la identidad como categoría política resulta funcional para atacar los avances en materia de género.

«Si la identidad puede ridiculizarse, entonces la existencia misma de identidades “trans” queda puesta en duda», advierte el análisis. La comparación no suele formularse de manera frontal, pero circula como pregunta retórica: «¿ahora cualquiera puede percibirse en cualquier cosa?”.

Entre la algarabía digital y la convivencia real

El hashtag #therian acumula millones de visualizaciones en TikTok, donde tutoriales, testimonios y videos de encuentros se vuelven virales. Los algoritmos, diseñados para potenciar nichos específicos, han llevado esta subcultura a pantallas de todo el mundo.

Lo que antes era una conversación íntima en foros cerrados hoy es espectáculo. Y esa transformación tiene consecuencias: la exposición mediática multiplica preguntas y refuerza la cohesión interna de quienes comparten esta identidad, pero también expone a la comunidad a la burla, el prejuicio y la incomprensión.

Conclusión: una subcultura de tres décadas en la era de la viralización

Los therians no representan una moda repentina ni un movimiento político organizado. Son una subcultura con más de treinta años de existencia que ha ganado visibilidad gracias a las plataformas digitales. Su presencia en espacios públicos responde a la búsqueda de pertenencia y autoexpresión, no a una agenda de transformación social.

Como ocurre con cada fenómeno viral que descoloca a las generaciones adultas, la tentación es reducirlo a meme o a amenaza. Más allá de la autoexpresión, la exagerada exposición en redes sociales conlleva el riesgo de una amplia difusión en las jóvenes generaciones con deficiente formación de espíritu critico para cuestionar una realidad inmersa en inteligencia artificial, memes y noticias falsas.

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Equipo de investigación CNT Noticias

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