
La amenaza se produce tras acusaciones del Pentágono sobre dos supuestas aeronaves venezolanas volando cerca de un barco estadounidense en aguas internacionales. Trump autorizó al general Dan Caine a «actuar como quiera» en estas situaciones. Ratificó que «si nos ponen en peligro, serán derribados».
Venezuela mantiene silencio sobre acusaciones de sobrevuelo
Caracas no ha confirmado ni desmentido los señalamientos sobre el presunto sobrevuelo de sus aviones. El Pentágono calificó el movimiento como «provocador» e interferencia con sus operaciones antidrogas. Esta escalada verbal ocurre en medio de crecientes tensiones bilaterales. La situación refleja el punto más álgido en relaciones entre ambos países en años.
El martes, Trump anunció el ataque a un «barco con drogas» que supuestamente zarpó de Venezuela. Washington asegura que destruyó la embarcación con 11 «narcoterroristas» a bordo. Venezuela cuestiona la veracidad de la operación y encontró inconsistencias en el video evidence. Herramientas de inteligencia artificial sugirieron que el material podría ser animado.
Las autoridades venezolanas denuncian que el operativo es realmente un «zarpazo terrorista» contra Maduro. Consideran que las acusaciones de narcotráfico son una mampara para justificar agresión. En agosto, EE.UU. desplegó fuerzas militares en el Caribe sur supuestamente contra cárteles de droga. La fiscal Pamela Bondi duplicó la recompensa por información para arrestar a Maduro.
Como respuesta, Maduro llamó al alistamiento voluntario en la Milicia Bolivariana. Hasta el momento se han inscrito 8,2 millones de personas para defender la soberanía. Venezuela considera estas acciones como defensa legítima ante amenazas externas. La movilización popular busca disuadir cualquier intento de intervención militar.
Pese a las tensiones, Maduro mantiene canales de comunicación abiertos con Washington. Se mostró abierto al diálogo con Trump pero rechaza la «diplomacia de las cañoneras». Criticó especialmente al senador Marco Rubio por su línea dura contra Venezuela. La posibilidad de diálogo persiste aunque en condiciones muy deterioradas.
La comunidad internacional observa con preocupación esta escalada verbal y militar. Países latinoamericanos han llamado a la calma y el respeto a la soberanía. La situación podría afectar la estabilidad regional si continúa escalando. El Caribe se convierte en escenario de tensiones geopolíticas peligrosas.
Este enfrentamiento ocurre en contexto de sanciones económicas contra Venezuela. La retórica belicista aumenta mientras persiste la crisis humanitaria en el país suramericano. Analistas temen que un incidente fortuito pueda desencadenar consecuencias imprevisibles. La diplomacia parece ser la única salida viable para ambas naciones.

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