
Bajo una alfombra roja en la base militar de Elmendorf-Richardson, Vladimir Putin y Donald Trump intercambiaron un apretón de manos cordial antes de iniciar una cumbre que podría definir el rumbo de la guerra en Ucrania. El presidente estadounidense llegó con un ultimátum claro: quiere un alto al fuego inmediato o abandonará las negociaciones. «Si es una mala reunión, terminará rápido», advirtió.
Trump reveló que durante su vuelo a Alaska habló con Alexander Lukashenko, aliado de Putin, sobre la liberación de presos políticos en Bielorrusia. La Casa Blanca confirmó que la reunión, inicialmente bilateral, ahora incluirá a tres representantes por cada lado, entre ellos el secretario de Estado Marco Rubio y el ministro ruso Serguei Lavrov.
El Kremlin anticipó que el encuentro podría extenderse hasta siete horas, con miras a organizar una segunda cumbre que incluya al presidente ucraniano Volodimir Zelenski, ausente en esta ocasión. Se espera que Putin exija como condición mínima la anexión de los territorios ocupados en Ucrania.
Mientras ambos líderes se adentran en negociaciones complejas, el mundo observa si Alaska será escenario de un avance hacia la paz o simplemente otra parada en un conflicto que ya cumple tres años y medio. La presión sobre Trump es alta, pero su advertencia de abandonar la cumbre si no hay resultados muestra lo frágil que podría ser el diálogo.
La pregunta que flota en el aire es clara: ¿lograrán estos dos líderes lo que otros no pudieron?

Agencias



