
En Venezuela solo quedan 10 cóndores andinos, todos en cautiverio, sin registros confirmados de ejemplares silvestres. Siete nacieron entre 2002 y 2010 en el Zoológico Bararida de Barquisimeto, donde funcionó el único programa exitoso de reproducción en el país. Hoy, dos permanecen allí (un macho adulto y su cría), mientras los demás fueron trasladados a Mérida. Esta majestuosa ave, la más grande del mundo capaz de volar, está catalogada en peligro crítico de extinción en territorio venezolano.
Estudios sobre el Cóndor
Los avistamientos en páramos merideños y zulianos probablemente corresponden a ejemplares colombianos en busca de alimento, explica Luis Saavedra, estudiante de Biología de la ULA. Estos gigantes alados pueden recorrer 170 km en 5 horas casi sin aletear, aprovechando corrientes térmicas. «No residen aquí permanentemente», aclara Saavedra, señalando tres razones: la escasez de carroña (su alimento), la reducida extensión de los Andes venezolanos y la fuerte intervención humana en su hábitat potencial.
Además, la supervivencia del cóndor se complica por su lenta reproducción: una cría cada dos años, con madurez sexual a los 5-8 años. «Son monógamos y pueden vivir 75 años», destaca el ambientalista Luis Guédez. También a nivel continental enfrentan múltiples amenazas: envenenamiento por plomo, competencia con perros ferales, caza ritual y pérdida de hábitat. Según estudios, los 6,700 ejemplares silvestres en Sudamérica no garantizan la supervivencia de la especie a largo plazo.
En Mérida, el Zoo Mundo Safari lidera un nuevo plan de conservación con asesoría internacional. «Buscamos traer ejemplares de Argentina para evitar consanguinidad», explica el veterinario Adrián Carrero. El último nacimiento en cautiverio fue en 2010, y los actuales ejemplares son todos hermanos. El objetivo final es reintroducirlos en el Parque Nacional Sierra de La Culata, donde actuarían como controladores biológicos limpiando carroña en los páramos.
Más que un ave, el cóndor es un símbolo andino ausente en la memoria biocultural venezolana. «Pocos lo han visto volar aquí», lamenta Saavedra, destacando la urgencia de más investigación. Mientras, los 10 ejemplares cautivos representan la última esperanza para recuperar esta especie que alguna vez surcó nuestros cielos. Su futuro depende ahora de la cooperación internacional y los esfuerzos locales por preservar su hábitat.

Extracto Prensa de Lara/Foto Marielys Hernandez



