
Los aceites vegetales refinados (girasol, maíz, soja) pierden nutrientes durante su procesamiento con altas temperaturas y solventes químicos como el hexano. Su alto contenido en Omega-6 y bajo en Omega-3 puede desequilibrar la dieta, mientras que su punto de humo bajo genera radicales libres al cocinar, explica la nutricionista Betzalee Monsalve (UCV).
Alternativas como la manteca de cerdo -con 45% de grasas monoinsaturadas y alto punto de humo- y el aceite de coco -rico en triglicéridos de cadena media- ganan terreno. El aceite de oliva extra virgen, aunque no ideal para frituras, sigue siendo óptimo por sus antioxidantes y beneficios cardiovasculares, según la dieta mediterránea.
Monsalve recomienda rotar grasas de calidad (prensadas en frío) y priorizar su uso en crudo. Sugiere complementar con omega-3 de pescados azules (sardinas, salmón) y semillas (chía, linaza), mientras se evitan frituras reutilizadas y productos con aceites hidrogenados o trans.
El equilibrio entre distintos tipos de grasas, su método de extracción y uso adecuado al cocinar marcan la diferencia para incorporarlas saludablemente a la dieta. La clave está en elegir versiones menos procesadas y dosificar su consumo según cada necesidad nutricional.

Extracto UN



