
Hoy amanecí estremecido por una conversación con una vieja y querida amiga. Ella estaba espantada por lo que su nieta de 12 años le contaba sobre una serie que la había dejado devastada, posiblemente un ánime japonés o una de las series coreanas tan de moda hoy en día. Hablaba de un drama lleno de ideología LGBTQ+, pero no solo eso, los detalles que le compartía eran crudos y perturbadores. ¡Sado, masoquismo y hasta pedofilia! Todo esto, de una niña que probablemente aún no comprende del todo lo que está diciendo. ¡Qué tiempos aquellos en los que nos entreteníamos con radionovelas y telenovelas!
Lo más aterrador no es solo el contenido, sino la naturalidad con la que lo cuenta. Su acceso a este tipo de contenido ha sido facilitado por un celular que sus padres le dieron para estar comunicados en»un caso de emergencia». Lo irónico del caso es que la emergencia estaba ocurriendo y nadie se estaba dando cuenta.
Aquí es donde entra el monstruo: el algoritmo. Este ser insaciable está diseñado para atraer y capturar mentes jóvenes, moldeando sus pensamientos y deseos. Nos engaña, haciéndonos creer que las elecciones que hacemos son nuestras, cuando en realidad estamos siendo dirigidos. Y si nosotros, adultos con cerebros ya formados, caemos en sus garras, ¿qué futuro les espera a nuestros hijos?
Esta es la lucha de un pequeño David contra un colosal Goliat. Pero no debemos rendirnos. Nuestros niños no necesitan celulares; nosotros sobrevivimos sin ellos, construyendo amistades reales, disfrutando de la vida. Es hora de cuidar lo que más amamos y proteger a nuestros hijos de la colonización mental que representa el algoritmo.
Muchos países, como China y Dinamarca, ya están tomando medidas. Es tiempo de que nosotros también hagamos presión para limitar el uso del celular en espacios académicos y en nuestros hogares. Cualquier esfuerzo, por pequeño que sea, será un paso hacia un futuro más sano para nuestros descendientes.
¡Feliz y bendecido día! Cuídense mucho, porque cualquier acción que tomemos a favor de nuestros hijos y nietos, sin duda, nos llenará de felicidad.

Profesor Simón Pineda- Psicólogo.
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