
Con cada campanada, se desataba un ritual de saludos y felicitaciones que, curiosamente, tenía un plazo de validez hasta el 2 de febrero, día de la Candelaria.
Me parece que este fenómeno tiene raíces más profundas, tal vez ancestrales, similares a la celebración del Año Nuevo Chino, que se basa en ciclos lunares. Cada año, la fecha de inicio varía; por ejemplo, en 2025, el Año de la Serpiente comenzará el 29 de enero.
En aquellos días, la llegada del nuevo año era sinónimo de celebración. Era un momento para abrazar a los seres queridos, disfrutar de una cena familiar y, en algunos casos, reconciliar viejas rencillas. La cena estaba acompañada de ponche crema, un licor familiar que, en mi inocente infancia, disfrutábamos con la complicidad de los adultos.
Sin embargo, no puedo olvidar las costumbres más peculiares que han llegado con el tiempo. La extraña tradición de sacar maletas a pasear en la noche de Año Nuevo, un ritual que siempre me pareció inquietante. O el plato de lentejas, que no lograba entender cómo encajaba en nuestra opulenta cena. Y, por supuesto, la ropa interior amarilla, que parecía más un invento comercial que una tradición auténtica.
La música también formaba parte esencial de nuestras celebraciones. La Billo’s Caracas Boys y Los Melódicos marcaban el ritmo de la noche, y la transición hacia el nuevo año era acompañada por la nostálgica voz de Néstor Zavarce. Recuerdo los abrazos de alegría y tristeza, una mezcla de emociones que simbolizaba el cierre de un ciclo y la esperanza de otro.
Hoy, la realidad es diferente. La familia está dispersa, y aunque estemos juntos, las distracciones del mundo moderno a menudo nos separan. Sin embargo, el espíritu de celebración y la esperanza de superar adversidades siguen intactos. Espero que este nuevo año nos traiga abundancia de afecto, lentejas en la bolsa del CLAP y quizás, aunque sea un poco de ropa interior amarilla.
Les deseo a todos un feliz y bendecido 2025, con la promesa de 365 días llenos de abrazos y buenos momentos. ¡Cuídense mucho!

Prof. Simón Pineda.

