
En un hecho histórico que quedará marcado en la memoria de la aviación venezolana, el presidente de la república, general Isaías Medina Angarita, allá por la década de los 40, se encontró con una sorpresa durante su visita a la Escuela de Aviación en Calicanto, Maracay. En medio de tensiones y descontento entre los oficiales pilotos y mecánicos, el mandatario decidió llevar a cabo un pase de revista para escuchar las quejas y tomar medidas.
Los pilotos, quienes disfrutaban de ciertos privilegios y prebendas, llevaban una vida relajada mientras que los mecánicos tenían una rutina extenuante y agotadora. Las largas jornadas de trabajo y las condiciones desiguales habían generado un ambiente de inconformidad. Sin embargo, el temor a posibles castigos y represalias impedía que alguien alzara la voz.






Fue entonces cuando el presidente Medina Angarita, sorprendiendo a la tropa con una visita y un pase de revista imprevisto, ordenó: «¡Un paso al frente los oficiales que se quieran ir de baja de la Aviación!». Esta inesperada solicitud dejó a todos en estado de shock, pero fue el teniente Vicente Antúnez quien se adelantó, seguido por otros cuatro oficiales mecánicos.
Con gran respeto pero con vehemencia, el teniente Antúnez explicó al presidente las razones por las cuales deseaba renunciar. Hizo hincapié en las sacrificadas condiciones a las que se veían sometidos los oficiales mecánicos, en contraste con la vida de privilegios de los pilotos. Ante esto, Medina Angarita vaciló por un momento, pero rápidamente tomó una decisión.
«Antúnez y los otros oficiales, vuelvan inmediatamente a formación. Oficial de guardia, tome nota; ¡Desde mañana, los oficiales mecánicos sin excepción se levantarán a las 8 de la mañana y cumplirán con su trabajo durante 6 horas diarias, con sus respectivos descansos para el almuerzo y reposo de la comida! ¡Esa es mi orden y que se cumpla!», exclamó el presidente.

Aunque esta medida no erradicó por completo las desigualdades existentes, representó un primer paso hacia la equidad dentro de la Aviación venezolana. Sin embargo, el destino del general Medina Angarita tomaría otro rumbo tiempo después. El 18 de octubre de 1945, el partido político Acción Democrática, liderado por Rómulo Betancourt y con el apoyo de militares disidentes, logró derrocar al presidente.




Esta situación tuvo consecuencias directas para el teniente Antúnez, quien había mostrado su apoyo y admiración hacia Medina Angarita. Su comentario en voz alta, considerando al derrocado presidente como el mejor que habían tenido, fue suficiente para que las represalias afectaran drásticamente su carrera militar.



El teniente Antúnez enfrentó numerosas dificultades en la Aviación venezolana, hasta tal punto que pronosticó, en aquel momento, que el partido Acción Democrática destruiría al país, algo que lamentablemente acabaría ocurriendo. Antúnez no se quedó con los brazos cruzados y se unió a diferentes movimientos conspirativos contra Betancourt y su partido.
Participó activamente en iniciativas lideradas por el general Castro León, el general Martín Paradas, el general Hugo Trejo, entre otros, en aras de combatir al gobierno adeco.



Antúnez estuvo en prisión durante un año en los calabozos del Cuartel San Carlos, en Caracas, así como un año en el exilio en Costa Rica, lejos de su tierra natal.
La anécdota del presidente Medina Angarita y la valiente respuesta del teniente Antúnez se convirtieron en un hito en la lucha por la igualdad y en un ejemplo de cómo la voz de un individuo puede generar cambios significativos. Aunque las consecuencias políticas no fueron favorables para Antúnez, su implicación y su fe en un sistema más justo quedaron grabados en la historia de Venezuela.

Ritcher Antúnez/AraguaPress.

