El Senado de Estados Unidos dio un paso inesperado para limitar el poder de Donald Trump sobre Venezuela. Aprobó una resolución que le impediría emprender nuevas acciones militares sin la autorización previa del Congreso. La votación de procedimiento, clave para avanzar la medida, resultó 52 a 47. Un pequeño grupo de republicanos se unió a los demócratas, marcando un raro «tirón de orejas» al presidente de su propio partido.
La división republicana que hizo posible el voto
Este resultado fue posible gracias a que cinco senadores republicanos cruzaron las líneas partidistas. Figuras moderadas como Susan Collins y Lisa Murkowski se unieron a alas más aislacionistas, representadas por Rand Paul y Josh Hawley. Su queja principal fue la falta de consulta del presidente antes de ordenar la captura de Nicolás Maduro. El senador Todd Young advirtió que una campaña prolongada en Venezuela sería «lo contrario» del objetivo de Trump de terminar con los enredos extranjeros.
La votación refleja una creciente preocupación entre algunos republicanos sobre los planes del presidente. Temen una presencia militar a largo plazo y la idea de «gobernar» Venezuela indefinidamente. Esta división contrasta con la postura de la mayoría republicana, que se alineó detrás de Trump tras la incursión relámpago en Caracas. Líderes como Mitch McConnell, aunque a veces han chocado con Trump, ahora le brindan su apoyo.
El contexto inmediato es la dramática captura del presidente venezolano Nicolás Maduro. Las fuerzas estadounidenses lo secuestraron en una incursión militar la semana pasada. Esta acción escaló significativamente un conflicto que ya incluía ataques a barcos en el Caribe desde septiembre pasado. Dos intentos anteriores de promover resoluciones similares fueron bloqueados el año pasado por los republicanos.
Un camino legislativo aún incierto
Aunque el avance en el Senado es significativo, el camino para que se convierta en ley es complicado. El Senado aún debe aprobar la resolución formalmente en una votación final, prevista para la próxima semana. Luego, la medida pasaría a la Cámara de Representantes, donde su aprobación se considera poco probable. Incluso si pasara, Trump casi seguro la vetaría, y el Congreso difícilmente tendría los votos para anularlo.
Los senadores demócratas han elevado su apuesta, amenazando con bloquear el financiamiento para más ataques. Sin embargo, esta legislación también enfrenta el mismo obstáculo final: el veto presidencial. La maniobra del Senado funciona más como una fuerte señal política de descontento que como una traba legal infranqueable. Muestra los límites de la paciencia incluso dentro del partido de gobierno.
La resolución sobre los poderes bélicos busca reafirmar la autoridad constitucional del Congreso. Exige que el presidente solicite permiso antes de emprender acciones bélicas en Venezuela. Este debate revive una disputa histórica entre el Ejecutivo y el Legislativo sobre quién decide ir a la guerra. El voto expone las grietas en el frente unido que Trump había mantenido en política exterior.
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