
La tensión en Oriente Medio estranguló este 8 de abril la tregua y cerró la principal autopista del petróleo global. La agencia Fars confirmó que Irán volvió a suspender el tránsito de tanqueros por el estrecho de Ormuz en represalia inmediata a los bombardeos de Israel sobre el Líbano. «Simultáneamente con los ataques de Israel contra el Líbano se suspendió el tránsito», comunicó el medio iraní, dinamitando así un brevísimo alto el fuego que horas antes había permitido el paso de los primeros barcos. La región vuelve a contener la respiración mientras el crudo vuelve a subir en los mercados internacionales.
Hospitales colapsados en el Líbano
Las Fuerzas de Defensa de Israel lanzaron su ofensiva más contundente hasta la fecha contra posiciones de Hizbulá. La respuesta de Teherán con el cierre del estrecho coincidió con un goteo incesante de ambulancias en el sur del Líbano. El Ministerio de Salud libanés alertó que los centros hospitalarios están desbordados, incapaces de absorber la marea de heridos. Las cifras preliminares hablaban de 89 fallecidos y más de 720 heridos, pero el parte se actualizó con crudeza al final de la jornada.
El recuento definitivo elevó la masacre a 122 muertos y 837 personas lesionadas, según los datos oficiales difundidos por el ministro Rakan Naser Din. Las sirenas no dejaron de sonar en todo el país mientras los equipos de rescate removían escombros en busca de supervivientes. La comunidad internacional observa con estupor cómo la violencia se desborda de la Franja de Gaza hacia un nuevo y sangriento frente en el Mediterráneo oriental.
El fantasma de febrero y el petróleo
Este nuevo episodio no surge de la nada. El pasado 28 de febrero, una acción conjunta de Estados Unidos e Israel golpeó objetivos en suelo iraní, incluyendo su capital, Teherán. Aquella incursión dejó víctimas civiles y desencadenó una respuesta contundente por parte de la Guardia Revolucionaria contra territorio israelí y bases norteamericanas en la zona. Aquel intercambio de golpes ya había anticipado la fragilidad del tráfico marítimo en la zona, un cuello de botella por donde transita una quinta parte del consumo mundial de petróleo.
La nueva obstrucción del estrecho de Ormuz confirma los peores temores de las casas de análisis energético. La ruta no solo es vital para el bombeo de crudo, sino también para el suministro de gas natural licuado que alimenta a Europa y Asia. Con los tanqueros paralizados o buscando rutas alternativas mucho más largas y costosas, el precio del barril experimentó un repunte inmediato. La economía mundial, aún convaleciente, recibe otro golpe en la línea de flotación mientras la diplomacia fracasa en silenciar las bombas sobre Beirut.
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