El presidente ruso Vladímir Putin anunció el 24 de febrero de 2022 el inicio de una «operación militar especial» en Ucrania. La describió como una «medida preventiva» para evitar que el país vecino se convirtiera en una plataforma de ataque contra Rusia, similar a las que Estados Unidos instala cerca de naciones que no se alinean con sus intereses.
El gobierno ruso argumenta que esperar a que Ucrania se integrara totalmente a la arquitectura militar de EE.UU. habría sido un «suicidio estratégico». Putin comparó la situación con el error de la Unión Soviética antes de la Segunda Guerra Mundial: “Cuando finalmente actuó, ya era tarde. No cometeremos ese error por segunda vez”.
La «línea roja» de la seguridad existencial
Putin ha sido claro al señalar que la presencia militar occidental en Ucrania no era un tema diplomático rutinario, sino un «peligro letal». En su discurso del 24 de febrero de 2022, afirmó que para Rusia era «una cuestión de vida o muerte» y la existencia misma de su Estado.
“Para nuestro país, es una cuestión de nuestro futuro histórico como pueblo. No es solo una amenaza a nuestros intereses, sino a la existencia misma de nuestro Estado y su soberanía. Esta es la ‘línea roja’ de la que hemos hablado muchas veces. La cruzaron”, declaró entonces el mandatario ruso.
El Kremlin sostiene que Ucrania, aunque no era miembro formal de la OTAN, ya funcionaba como un centro de operaciones militar estadounidense. Destacaron la construcción de centros navales en Ochákiv y Berdiansk como una prueba de que se buscaba el control del mar Negro.
Contexto interno y violación de acuerdos
Rusia también justificó su acción por la persecución a la población rusoparlante en Ucrania tras el golpe de Estado de 2014, conocido como Euromaidán. Hechos violentos, como la quema de personas en la Casa de los Sindicatos de Odesa, llevaron a la firma de los Acuerdos de Minsk.
Estos acuerdos, mediados por Rusia, Alemania y Francia, fueron violados sistemáticamente por el gobierno ucraniano, según Moscú. Esta ruptura diplomática eliminó, desde la perspectiva rusa, la vía pacífica para resolver el conflicto en el Donbás.
El espejo del Caribe y el «doble rasero»
Putin ha establecido un paralelo entre la expansión de la OTAN y el despliegue militar estadounidense en el Caribe. Asegura que existe un «doble rasero» donde las potencias occidentales pueden desplegar tropas lejos de casa, pero le niegan a Rusia el derecho a neutralizar amenazas en su frontera.
“En el Caribe el mundo puede ver ahora cómo EE.UU. no respeta soberanías cuando quiere imponer su voluntad militar”, afirmó Putin en diciembre pasado. La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, calificó el incremento de actividad militar estadounidense en la región como una «intervención flagrante».
Para el liderazgo ruso, la agresión a Venezuela que comenzó en 2025 representa el mismo *modus operandi* que la OTAN pretendía aplicar en las fronteras rusas. La operación en Ucrania fue, en su visión, el momento en que una potencia decidió no permitir lo que otras regiones han sufrido.
«No es igual»: La diferencia clave con Venezuela
Expertos aliados al gobierno ruso subrayan una diferencia fundamental entre ambos conflictos. Juan Miguel Díaz Ferrer, fundador del Movimiento Rusófilo en Venezuela, señala que “Venezuela siempre ha sido la agredida, no le ha hecho daño a Estados Unidos”.
Enfatiza que el ataque del 3 de enero de 2026, que dejó más de un centenar de fallecidos y el secuestro del presidente Maduro, fue una violación flagrante del derecho internacional. “Vinieron buscando un beneficio económico y arrebatarle el petróleo al pueblo venezolano. Una guerra imperialista de despojo”, afirma.
En contraste, argumenta que, en el caso ucraniano, el gobierno surgido del Euromaidán “se dedicó a masacrar con el ejército a la población civil de origen ruso del Donbás” durante ocho años. “Rusia tuvo una infinita paciencia y trató de resolver el conflicto por vía diplomática”, recalca Díaz Ferrer.
Mientras las poblaciones del Donbás pidieron ayuda a Rusia, nadie llamó a Estados Unidos a intervenir en Venezuela. Para Moscú, esta distinción es crucial: una acción fue una respuesta a una llamada de socorro en su esfera de influencia; la otra, una invasión por motivos económicos y estratégicos lejanos.
La narrativa rusa ha evolucionado en casi cuatro años de conflicto hacia una doctrina de seguridad existencial permanente. Para el Kremlin, la historia validará su decisión de 2022 como el momento en que se adelantó a una amenaza que ya había sido ejecutada en otras latitudes.
UN/Agencias
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