El Distrés: La presión tóxica que agota
El «Distrés» representa el estrés negativo y abrumador. Actúa cuando la presión supera claramente tus recursos y tu sensación de control. Esta versión tóxica anula tu capacidad cognitiva y te sume en una fatiga crónica.
Su característica principal es la sensación de que la situación es incontrolable. Se percibe como prolongado y va ligado a emociones negativas como la ansiedad. El resultado final suele ser el «agotamiento (Burnout)», errores constantes y una clara disminución en la calidad de tu trabajo.
El Eustrés: La tensión óptima que impulsa
Frente a él, el «Eustrés» es el estrés positivo o útil. Es esa activación que te empuja a la acción con energía y enfoque. Surge cuando el desafío que enfrentas coincide con tu capacidad percibida para superarlo.
Se caracteriza por sentirse controlable y estar asociado a objetivos claros. A diferencia del distrés, genera motivación y una concentración profunda. El resultado es tangible: «creatividad, alto rendimiento y una sensación de logro».
La Línea Fina: tu percepción de control
El factor decisivo no es la cantidad de presión, sino tu percepción sobre ella. La misma situación puede convertirse en distrés o eustrés según tu marco mental. La pregunta clave es: ¿Esta presión me está impidiendo funcionar o me está impulsando a enfocarme?
Un profesional de alto calibre no busca eliminar todo el estrés. En su lugar, aprende a calibrarlo. Identifica la línea roja del distrés y utiliza la tensión del eustrés como catalizador. Transformar la presión en productividad es una habilidad que se cultiva.
La próxima vez que sientas presión, haz una pausa. Pregúntate si puedes redirigir esa energía hacia un objetivo concreto. ¿Qué mecanismo implementarás para convertir la presión que te paraliza en el motor que te impulsa?
Cosimo Martiradonna.
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