
Investigadores adjudican este problema a que muchos menores están siendo «criados por pantallas» en lugar de por interacción humana. El análisis detectó déficits de vocabulario e irritabilidad en niños expuestos prolongadamente a dispositivos. Pediatras derivan casos a equipos de Atención Temprana ante el desarrollo cognitivo comprometido.
Pediatras reportan «severas consecuencias» en desarrollo cognitivo por «enganche» digital
La doctora María del Pilar Mallada del centro de salud de Rebolería de Zaragoza documentó múltiples casos. En solo una semana de agosto del año pasado, derivó tres niños con déficits de adquisición del lenguaje. Las familias incorporan móviles y tablets incluso en carritos de lactantes como «complemento». Los padres subestiman el tiempo real de exposición, que en casos extremos alcanza ocho horas diarias.
Los expertos alertan que el cerebro inmaduro no puede procesar esta sobreestimulación constante. La falta de interacción humana afecta directamente el desarrollo del lenguaje expresivo. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria recomienda exposición cero a pantallas en estas edades. La media entre pacientes estudiados supera las dos horas diarias, muy por encima de lo recomendado.
El lenguaje se desarrolla mediante la interacción con padres y cuidadores, no a través de pantallas. Momentos como la hora del baño, comida o sueño son cruciales para el desarrollo lingüístico. La falta de feedback humano durante estas actividades perjudica el crecimiento cognitivo. Los niños necesitan intercambios verbales y no verbales para un desarrollo adecuado.
Un estudio de 2017 con 900 niños confirmó el impacto negativo medible. Por cada 30 minutos adicionales de pantalla, aumenta 49% el riesgo de retraso del lenguaje expresivo. Dos de cada diez niños entre seis meses y dos años usaban pantallas 28 minutos diarios en promedio. Esta exposición temprana tiene consecuencias demostrables en capacidades comunicativas.
El abuso de pantallas también causa irritabilidad, ansiedad y déficit de atención. Niños «superestimulados» se aburren en clases al reducirse drásticamente el ritmo de estímulos. Pediatras reclaman mayor concienciación familiar y un Pacto de Estado sobre esta problemática. La solución requiere involucrar a políticos, instituciones y toda la sociedad en la protección del desarrollo infantil.

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