
En los teléfonos los últimos mensajes eran de la noche anterior, pero la intuición y experiencias vividas en Maracay, Valle de la Pascua, Los Teques, Valencia, Ocumare de la costa, La Guaira, solo me indicaban un hecho que en Caracas no era lo común pero que en el resto del país era por decir lo menos, rutina aprendida, práctica diaria de resiliencia.
La palabra resiliencia viene del término latín resilio, volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar, en un principio se utilizo para explicar en ingenieria la capacidad de algunos materiales como el acero, ante el estrés.
En psicología se empezó a utilizar como la capacidad de adaptación de los organismos y seres vivos a situaciones adversas con resultados positivos, por lo cual era considerada una condición innata en el ser humano, sin embargo al no vivir aislado, ser parte de una familia, comunidad y cultura, se le atribuyeron estos elementos como participes de la resiliencia del género humano, yo le sumaría lo que el inconsciente colectivo ancestral ha incorporado en esta capacidad psicológica de adaptación.
Hoy en día ese proceso de competencia se puede dividir en tres modelos, uno compensatorio, otro de protección y por último uno de desafío.
Ayer probamos la resiliencia de los caraqueños, tuve que salir por un compromiso con la hija de mi pareja y me encontré, con personas caminando a su trabajo, con el buen humor como mecanismo compensatorio, con algunos que con la excusa del apagón, ocuparon plazas para jugar dominó, cartas y ajedrez, además de servir de mirones, me acordé de las conductas adaptativas en otras situaciones, el paro petrolero, el otro apagón que duró tres días en Caracas y cinco en el interior, y el más terrible de todos la tragedia de la Guaira.
Me acordé de las colas para comprar comida, de la escases productos y como superamos colectivamente, con solidaridad y compromiso con el vecino, el hermano, el más vulnerable, el más sufrido, o el más optimista, el que siempre tenía un chiste ante la adversidad, el que tenía la buena cara así estuviera pasando malos tiempos, incluso ayer me acordé de la resiliencia del que decidió emigrar, estando de acuerdo o no, el que ha aguantado las penurias de un comienzo fuera de esta tierra de gracia, el que encontró solidaridad y también xenofobia y rechazo, el que no entiende porque ingratitud a los que fuimos incondicionales con quién llegó a pedir auxilio a estas tierras.
Ayer me acordé de nuestra idiosincrasia, de lo grandes que somos, de quienes nos desvalorizan y apuestan por la muerte, los que no saben lo que nos ha costado sobrevivir ante la adversidad, hoy volvió a triunfar el bravo pueblo, «Gloria al bravo pueblo/ Que el yugo lanzó…»
Sin embargo debo hacer una alteración a la estrofa final de nuestra canción patria
Y sí el despotismo levanta la voz/ sigamos Caracas el ejemplo que el país nos dió.
Hoy me siento muy orgulloso de ser venezolano, de seguir en mi país, de reír y llorar con abrazos legítimos, con la esperanza de poder abrazar a los que están lejos y la satisfacción de abrazar a los que tengo cerca.
Feliz y bendecido día, cuidémonos mucho, el país nos necesita.
Un abrazo grande y fuerte

Prof. Simón Pineda.
Para mantenerte informado y estar al tanto de todo lo que ocurre en Aragua, Venezuela y el mundo, sigue nuestro canal en Telegram: https://t.me/CNTNoticias y nuestro canal de Whatsapp: https://whatsapp.com/channel/0029VaCsqB2FSAt9ynbkWa3B



